domingo, 29 de enero de 2012

Me.


No suelo necesitar mucho para alcanzar la felicidad plena. Me gustan pequeñas cosas que a los ojos del resto pasan indiferentes como el aire. Me gustan los dulces, sobre todo los azules, supongo que será porque me recuerdan al cielo. Las noches de fría lluvia mientras yo me mantengo cobijada en mi cama bajo una calentita manta y abrazada a mi dulce bolita de pelo negro. Me encanta llegar a casa después del instituto y encontrarme sonrisas. No pierdo la esperanza. Nunca. Me cuesta darme cuenta de la realidad y hacerme a ella. Yo prefiero siempre mantenerme soñadora en otro feliz mundo, pero sé perfectamente cuando tengo que ser seria. Sé estar. Me gustan las tardes de biblioteca cuando no tengo demasiadas cosas que hacer. Adoro los cigarros de por la mañana después de beberme un té, porque me encantan los tés. Suelo escribir, pues me resulta como pequeñas terapias conmigo misma. Me vuelve loca lo raro y abstracto. El chocolate y el picante. Me encanta sentirme importante y que la gente valore mi esfuerzo. Me llaman la atención las mentes sabias  llenas de conocimientos. Las mentes vacías me aburren. Me gusta escuchar, se me da bastante bien, pero también hablo demasiado y suelo dar buenos consejos, que serían mucho mejores si yo misma los pusiera en práctica. Me gustan las flores, los besos, las caricias, las noches de abrazos y las miradas profundas. Las miradas me encantan, porque reflejan la totalidad de las personas cuando nuestro caparazón corporal nos impide mostrar el interior. Soy divertida pero tengo momentos de tristeza. En esos momentos prefiero llorar sola hasta desahogarme o intercambiar palabras con personas que me inspiran tranquilidad. Me encanta leer, el cine y la música, cantar en la ducha y bailar frente al espejo. Me gustan los momentos solitarios. Esos momentos en los que estoy yo dedicándome a mí.
Ladybug

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