miércoles, 18 de enero de 2012

La princesa


La princesa se despierta cada mañana con una sonrisa que destaca sus rosadas mejillas sobre su pálida piel. Abre los ojos lentamente, haciendo rozar sus largas pestañas sobre sus párpados. Elige uno de sus vestidos de seda y sale de su reino. Anda durante horas hasta llegar a la colina de los Sauces Llorones de plata. Una vez allí, se sienta bajo el primero de la zona superior empezando por la izquierda. Justo ese, el que más escondido está, pero el mas frondoso por la luz directa que le llega del Sol. Coge unas flores, casi siempre Camelias y se dispone a trenzar sus tallos hasta hacer una tiara para luego colocarla sobre su largo pelo ondulado. A la princesa le gusta estar ahí porque respira tranquilidad mientras escucha el silencio de la colina, entrelazado con los silbidos de las aves del paraíso, que pasan por encima de las copas de los árboles moviendo sus alas como si formaran parte del viento. Y la princesa se queda mirándolas imaginando que tras su delicada espalda comienzan a abrirse unas grietas que dejan entrever unas plumas que poco a poco comienzan a salir hasta formarse unas enormes alas que elevan su cuerpo. Una vez allí arriba, empieza a sentir como el bajo de su vestido de seda comienza a ser acariciado por las puntas de los árboles y finalmente las alas le conducen hasta el lugar donde se encuentra su amor, su luna, su vida...

Pero finalmente la princesa tiene que volver a la realidad, por lo que emprende su camino de vuelta pero sin dejar de prometerse a sí misma que al día siguiente volverá.

Ladybug.

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