La princesa se despierta cada mañana con una sonrisa que
destaca sus rosadas mejillas sobre su pálida piel. Abre los ojos lentamente,
haciendo rozar sus largas pestañas sobre sus párpados. Elige uno de sus
vestidos de seda y sale de su reino. Anda durante horas hasta llegar a la
colina de los Sauces Llorones de plata. Una vez allí, se sienta bajo el primero
de la zona superior empezando por la izquierda. Justo ese, el que más escondido
está, pero el mas frondoso por la luz directa que le llega del Sol. Coge unas
flores, casi siempre Camelias y se dispone a trenzar sus tallos hasta hacer una
tiara para luego colocarla sobre su largo pelo ondulado. A la princesa le gusta
estar ahí porque respira tranquilidad mientras escucha el silencio de la
colina, entrelazado con los silbidos de las aves del paraíso, que pasan por
encima de las copas de los árboles moviendo sus alas como si formaran parte del
viento. Y la princesa se queda mirándolas imaginando que tras su delicada
espalda comienzan a abrirse unas grietas que dejan entrever unas plumas que
poco a poco comienzan a salir hasta formarse unas enormes alas que elevan su
cuerpo. Una vez allí arriba, empieza a sentir como el bajo de su vestido de
seda comienza a ser acariciado por las puntas de los árboles y finalmente las
alas le conducen hasta el lugar donde se encuentra su amor, su luna, su vida...
Pero finalmente la princesa tiene que volver a la realidad,
por lo que emprende su camino de vuelta pero sin dejar de prometerse a sí misma
que al día siguiente volverá.
Ladybug.
No hay comentarios:
Publicar un comentario