martes, 31 de enero de 2012

Flores, para ella


Ha sido un día muy largo. Son las 19.00 y ella ve como el sol se empieza a esconder en el horizonte desde la ventana de la oficina. La mesa está llena de enormes carpetas repletas de papeles que asoman desordenadamente sus esquinas. Por fin es la hora de salir, pero ella preferiría quedarse 20 horas más trabajando que irse a casa y pasarse toda la noche dando vueltas en la cama. Pensando durante horas en esa distancia que les separará por ese puesto de trabajo que a él le han ofrecido a 2.000 Km de aquí. Ese puesto de trabajo que cortará el lazo que les une.

Esta noche está segura de que no podrá parar de pensar como él  ha decidido dejarla sola, desorientada, hundida en un mar de recuerdos y sabanas perfumadas. Sin él, sin todo lo que más ha querido en su vida. Pero sobre todo no podrá parar de pensar cómo ahora, cuando mejor les iba, cuando iban a empezar el principio de una vida en común... Quizá él no estaba tan enamorado...

Apoya las manos en la mesa lentamente mostrando su delicada manicura francesa. Empuja hacia atrás la silla y se levanta lentamente. Coge su bolso de piel colocado encima de la mesa, al lado de la foto enmarcada de los dos que él le había dado hace apenas un mes. Apaga la luz del despacho y cierra lentamente la puerta. Los pasillos están vacíos aunque siguen viéndose a lo lejos algunas luces encendidas. Camina hacia el ascensor triste con la cabeza agachada mientras las lágrimas que se van formando en sus tristes ojos le impiden ver con claridad.

Se monta en el ascensor. Planta 0.Todo fuera está casi completamente oscuro. El sol se ha terminado de esconder pero aún se puede ver una insignificante línea de luz, casi tan insignificante como su vida en ese momento. Sale con un paso cada vez más lento mientras las lágrimas al fin comienzan a bajar suavemente por sus mejillas y rozando la comisura de sus labios. Abre la puerta del edificio, casi sin fuerza. Levanta la cabeza y comienza a caminar por el negro asfalto dirigiéndose hacia el aparcamiento. Nunca ha entendido porqué lo habían construido tan lejos.

Y de repente en su interior comienzan a fluir millones de sensaciones diferentes que se fusionan formando un nudo en su garganta, pero esta vez no es por tristeza ni por las ganas de ahogarse. Esta vez se trata de un conjunto de escalofríos que le recorren el cuerpo desde la punta de los pies, hasta la garganta.

 Él. Él está ahí de pié, frente a su coche, con una enorme sonrisa que deja entrever sus preciosos dientes blancos, y con un ramo de rosas rojas. Flores, para ella. Sale corriendo hacia él con un millar de emociones que envuelven su cuerpo como un torbellino y elevan sus pies a diez palmos del suelo, acercándola hasta llegar a los brazos del hombre que más ha amado en toda su vida. Se abrazan juntando sus cuerpos sin dejar pasar ni una pizca de aire entre los dos.

-Voy a quedarme aquí, a tu lado, porque mi vida no tiene sentido en ningún lugar en el que tú no estés.. Cásate conmigo.  Le susurra él al oído mientras ella nota el aliento de su boca rozar su oreja.

Y ella, comienza de nuevo a elevarse más y más alto mientras un profundo beso sella ese amor vivido. Un beso con el que al fundirse sus labios deja clara su respuesta.

Ladybug

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