Suelo tener muchas noches solitarias en las que me da por
pensar, pero a esta noche en especial le pondría de título tu nombre. Deberías
poner los cinco sentidos en marcha cuando vayas a leer este texto porque todos
y cada uno de los puntos que contiene, son suspiros provocados por tus labios.
Deberás pensar que he perdido la cordura y la verdad es que
no te estás equivocando. Se perdió el mismo día que decidí hundirme en tus
ojos. Porque al cruzar la mirada contigo mi cuerpo se desvanece por una
milésima de segundo y ahí solo estoy yo, sumergida por completo en un mar
inmenso tras un cristal color chocolate, medio transparente, en el que casi soy
capaz de descifrar tus pensamientos. Chocolate dulce y pequeño que abre paso al
destino, un destino escrito pero a la par que complicado puesto que ahora tu
órgano no me pertenece pero tarde o temprano lo hará. Mientras tanto, ofrécele
todo a ella pero promete guardarme un sitio en tu almohada, ahí, justo al lado
de tu cabeza, para que cuando yo esté durmiendo a tu lado, tu subconsciente
sienta que tiene todo lo que tanto ha soñado.
Pero por ahora piensa en mí. Sumérgete tu también en mi
mirada para compartir esa milésima de segundo en otro lugar. ¿Que cómo es?,
dulce. Con un toque verde hierba, y una pizca de azul cielo. Tan real como la
vida misma. Tan real como mis palabras.
Suelo tener muchas noches solitarias en las que me da por
pensar, pero esta noche en especial me he propuesto aumentar mi paciencia hasta
el infinito, porque como tú me leíste, ``si merece la pena, no será fácil´´, y
esto merece la pena, porque sé a ciencia cierta que el día que decidas que tus
extremidades desnudas rodeen mi cuerpo, se fundirán con las mías como el
chocolate se funde con el calor... y porque yo también quiero saber a qué
sabes, mientras tus manos buscan la forma de subir mi falda y bajar mis medias
al compás de unos versos de Neruda que sonarán en mi cabeza mientras decido que
será lo próximo que haga para cautivar tu mente.
Ladybug.
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